Transferencias en monetario como medio
para reducir la pobreza: ¿verdad o mito?
Hoy en día que
la pobreza y la desigualdad van de la mano, la distribución del ingreso se ha
convertido en un tema de sumo interés dentro de la agenda de cada país. Por tal
motivo, los encargados de las políticas públicas han hecho un uso más frecuente
de los programas de transferencias monetarias condicionadas (PTMC). Lo que nos
lleva a preguntarnos, ¿Cuál es el efecto de dichas transferencias en la
reducción de la pobreza y la desigualdad?
Los que están
a favor de éstas, aluden que, un individuo es lo suficientemente competente
para conocer su necesidad y saber que bienes le generaran una mayor utilidad.
Por ejemplo, alguien puede pensar que la forma de ayudar a una familia que no
posee un techo digno, es proveerles de esta necesidad. No obstante, para los
que están a favor de las transferencias en monetario resultaría más provechoso
proveer a estos hogares de un mayor ingreso, luego, estos receptores de
transferencias decidirán atender sus necesidades de vivienda, si quieren, y, si
deciden no hacerlo, la presunción es que tiene un mejor uso para el dinero (Dimand, R. 2003).
Con base a lo anterior,
se considera que las familias beneficiadas tendrán más preferencia por los
traspasos en efectivo, antes que de cualquier otro tipo de transferencias; dado
que alcanzan la total soberanía respecto a su nuevo ingreso, y por ende, se cree que obtienen un mayor grado de satisfacción,
y de utilidad.
No obstante, para
que todo esto suceda, es necesario que los destinatarios sean lo
suficientemente competentes en la administración de sus recursos escasos, y a
su vez, que gasten las cesiones pecuniarias en aquellos bienes y servicios que
maximicen la utilidad conjunta del hogar. Pero, ¿Qué garantiza el correcto uso
de las transferencias de dinero?
Supongamos que
existen dos hogares, el A y el B, ambos son homogéneos (en el mismo sentido de
necesidades y número de miembros), sin embargo, el cabeza del hogar A, se
preocupa por maximizar la suma de todos las utilidades individuales de los
miembros de su familia, mientras que el del hogar B, sólo está enfocado en
maximizar su propia utilidad. Si estos hogares fueran electos como
beneficiarios de un mismo programa de transferencias en efectivo, ¿la utilidad
que generaría este programa en cada familia sería la misma? Los cabezas de
hogar o receptores de transferencias que maximicen únicamente su propia
utilidad, dejando por un lado las utilidades individuales de los miembros de la
familia, no lograran el beneficio colectivo, y por ende, el programa fracasará.
Por lo que se
puede deducir que un ingreso en efectivo dado a través de un programa, no necesariamente
garantiza la utilidad conjunta de un hogar; para ello se necesitaría que los
encargados de las políticas públicas poseyeran información perfecta de los
receptores “competentes” e “incompetentes” en el uso de estas ayudas.
Para analizar
la temática desde el punto de vista de la macroeconomía, me gustaría hacer
mención del economista insignia de la Escuela de Chicago, y premio Nobel de
Economía en 1976, Milton Friedman, quien escribió en su libro “Money Mischief”
la paradoja del helicóptero, en donde expone el ejemplo de una comunidad
independiente, la cual desarrolla todo tipo de actividades económicas y además
de esto, posee las características de una economía cerrada, en donde también agrega
que cada habitante tiene el mismo ingreso. Dado lo anterior, se pregunta: ¿qué
resultados tendría sobre esta comunidad si un día inesperado un helicóptero
aparece arrojando una lluvia de billetes a todos los habitantes?; ¿haría a
estos más ricos?
Friedman alude
que lo anterior provocaría que las personas aumentaran su gasto de consumo en
el corto plazo, dado el nuevo ingreso (transitorio). Pero, esto no generaría
mayores riquezas, ni inversión, así como tampoco provocaría una mayor
producción de bienes y servicios; concluye que lo anterior solo generaría un
incremento innegable de los precios (inflación), sin efecto alguno en el
crecimiento real de la economía.
Coincidiendo
con Friedman, el que un gobierno ofrezca dinero a sus ciudadanos por periodos
cortos de tiempos, no necesariamente implica que habrá un efecto positivo en la
inversión y el consumo de largo plazo. Cuando el consumo de los individuos es
transitorio, las empresas no aumentan su inversión para producir una mayor
cantidad de bienes y servicios, sino, que por el contrario, compensan esa
demanda con aquellos productos que han permanecido hasta el momento dentro de
los inventarios (variación de existencias).
Si bien es
cierto, los programas en monetario representan una respuesta de “auxilio” para
aquellas personas que se encuentran con dificultades económicas; pero, ¿podría
esto afectar su inserción al mercado laboral? Muchos economistas consideran que
una ayuda de dinero por parte del gobierno puede aumentar el coste de
oportunidad de incorporarse o reincorporarse al mercado laboral. Cuando estas
son muy generosas, las personas suelen encontrarse entre la disyuntiva de
trabajar o seguir siendo beneficiario. En diversas ocasiones, las personas
comienzan a buscar trabajo hasta que se agota la asistencia social en efectivo,
lo cual reduce la productividad de un país.
Gregory Mankiw,
señala en su libro “Principles of Economics” que uno de los diez principios de
la economía es que, “el nivel de vida de un país depende de su capacidad para
producir bienes y servicios”. En donde explica que muchas veces las grandes
diferencias entre el nivel de vida de las personas de un país, en relación con
otro, se atribuye a los niveles de productividad que estos presentan;
definiendo productividad como la cantidad de bienes y servicios producidos con
cada hora de trabajo.
Además de
ello, este reconocido economista menciona que para mejorar los niveles de vida
de un país, los responsables de la política económica deben de enfocarse en elevar
la productividad; lo que implica, invertir en educación, para que los
trabajadores tengan las cualidades necesarias que les permitan insertarse en el
mercado laboral, así como también buscar políticas que favorezcan las
generación de empleo, ya que éstas son unas de la vías más factibles para reducir
la pobreza y alcanzar el crecimiento y desarrollo económico de un país.
En un estudio realizado
por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado, “The growth of
conditional cash transfers in Latin America and the Caribbean: ¿did they go too
far?” Se demuestra que en diversos
países de América Latina y El Caribe, durante el período 2001-2011, los
beneficiarios de transferencias en monetario, en su mayoría continúan siendo
pobres o vulnerables; atribuyendo dichas causas a los bajos niveles de
escolaridad e inestabilidad laboral.
En conclusión,
las transferencias en monetario no son una opción para reducir la pobreza y la
desigualdad, sin embargo, si se dan con buenos criterios de elegibilidad y no
se abusa de ellas, pueden representar una ligera ayuda de corto plazo. No
obstante, es necesario que los países en subdesarrollo inviertan más en
educación y creen políticas que
favorezcan la inversión interna, como externa.
“Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá
todos los días”
Confucio
Bibliografía
Dimand,
R. (2003). On Limiting the domain of inequality: The Legacy of James Tobin. Canadá:
Eastern Economic Journal, (29),
569-564.
Friedman, M., (1994). Money
Mischief: Episodes in Monetary History. United States of America, Orlando Florida.
Mankiw, G., (2012). Principles
of Economics. United
States of America. South Western.
Banco
Interamericano de Desarrollo, BID (2012). The growth of conditional cash transfers in Latin America and the Caribbean: ¿did they
go too far? Marco Stampini y Leopoldo Tornarolli.