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martes, 14 de abril de 2020

Transferencias en monetario como medio para reducir la pobreza: ¿verdad o mito?

Hoy en día que la pobreza y la desigualdad van de la mano, la distribución del ingreso se ha convertido en un tema de sumo interés dentro de la agenda de cada país. Por tal motivo, los encargados de las políticas públicas han hecho un uso más frecuente de los programas de transferencias monetarias condicionadas (PTMC). Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿Cuál es el efecto de dichas transferencias en la reducción de la pobreza y la desigualdad?

Los que están a favor de éstas, aluden que, un individuo es lo suficientemente competente para conocer su necesidad y saber que bienes le generaran una mayor utilidad. Por ejemplo, alguien puede pensar que la forma de ayudar a una familia que no posee un techo digno, es proveerles de esta necesidad. No obstante, para los que están a favor de las transferencias en monetario resultaría más provechoso proveer a estos hogares de un mayor ingreso, luego, estos receptores de transferencias decidirán atender sus necesidades de vivienda, si quieren, y, si deciden no hacerlo, la presunción es que tiene un mejor uso para el dinero (Dimand, R. 2003).

Con base a lo anterior, se considera que las familias beneficiadas tendrán más preferencia por los traspasos en efectivo, antes que de cualquier otro tipo de transferencias; dado que alcanzan la total soberanía respecto a su nuevo ingreso, y por ende,  se cree que obtienen un mayor grado de satisfacción, y de utilidad.

No obstante, para que todo esto suceda, es necesario que los destinatarios sean lo suficientemente competentes en la administración de sus recursos escasos, y a su vez, que gasten las cesiones pecuniarias en aquellos bienes y servicios que maximicen la utilidad conjunta del hogar. Pero, ¿Qué garantiza el correcto uso de las transferencias de dinero?

Supongamos que existen dos hogares, el A y el B, ambos son homogéneos (en el mismo sentido de necesidades y número de miembros), sin embargo, el cabeza del hogar A, se preocupa por maximizar la suma de todos las utilidades individuales de los miembros de su familia, mientras que el del hogar B, sólo está enfocado en maximizar su propia utilidad. Si estos hogares fueran electos como beneficiarios de un mismo programa de transferencias en efectivo, ¿la utilidad que generaría este programa en cada familia sería la misma? Los cabezas de hogar o receptores de transferencias que maximicen únicamente su propia utilidad, dejando por un lado las utilidades individuales de los miembros de la familia, no lograran el beneficio colectivo, y por ende, el programa fracasará.

Por lo que se puede deducir que un ingreso en efectivo dado a través de un programa, no necesariamente garantiza la utilidad conjunta de un hogar; para ello se necesitaría que los encargados de las políticas públicas poseyeran información perfecta de los receptores “competentes” e “incompetentes” en el uso de estas ayudas.

Para analizar la temática desde el punto de vista de la macroeconomía, me gustaría hacer mención del economista insignia de la Escuela de Chicago, y premio Nobel de Economía en 1976, Milton Friedman, quien escribió en su libro “Money Mischief” la paradoja del helicóptero, en donde expone el ejemplo de una comunidad independiente, la cual desarrolla todo tipo de actividades económicas y además de esto, posee las características de una economía cerrada, en donde también agrega que cada habitante tiene el mismo ingreso. Dado lo anterior, se pregunta: ¿qué resultados tendría sobre esta comunidad si un día inesperado un helicóptero aparece arrojando una lluvia de billetes a todos los habitantes?; ¿haría a estos más ricos?

Friedman alude que lo anterior provocaría que las personas aumentaran su gasto de consumo en el corto plazo, dado el nuevo ingreso (transitorio). Pero, esto no generaría mayores riquezas, ni inversión, así como tampoco provocaría una mayor producción de bienes y servicios; concluye que lo anterior solo generaría un incremento innegable de los precios (inflación), sin efecto alguno en el crecimiento real de la economía.

Coincidiendo con Friedman, el que un gobierno ofrezca dinero a sus ciudadanos por periodos cortos de tiempos, no necesariamente implica que habrá un efecto positivo en la inversión y el consumo de largo plazo. Cuando el consumo de los individuos es transitorio, las empresas no aumentan su inversión para producir una mayor cantidad de bienes y servicios, sino, que por el contrario, compensan esa demanda con aquellos productos que han permanecido hasta el momento dentro de los inventarios (variación de existencias).

Si bien es cierto, los programas en monetario representan una respuesta de “auxilio” para aquellas personas que se encuentran con dificultades económicas; pero, ¿podría esto afectar su inserción al mercado laboral? Muchos economistas consideran que una ayuda de dinero por parte del gobierno puede aumentar el coste de oportunidad de incorporarse o reincorporarse al mercado laboral. Cuando estas son muy generosas, las personas suelen encontrarse entre la disyuntiva de trabajar o seguir siendo beneficiario. En diversas ocasiones, las personas comienzan a buscar trabajo hasta que se agota la asistencia social en efectivo, lo cual reduce la productividad de un país.

Gregory Mankiw, señala en su libro “Principles of Economics” que uno de los diez principios de la economía es que, “el nivel de vida de un país depende de su capacidad para producir bienes y servicios”. En donde explica que muchas veces las grandes diferencias entre el nivel de vida de las personas de un país, en relación con otro, se atribuye a los niveles de productividad que estos presentan; definiendo productividad como la cantidad de bienes y servicios producidos con cada hora de trabajo.

Además de ello, este reconocido economista menciona que para mejorar los niveles de vida de un país, los responsables de la política económica deben de enfocarse en elevar la productividad; lo que implica, invertir en educación, para que los trabajadores tengan las cualidades necesarias que les permitan insertarse en el mercado laboral, así como también buscar políticas que favorezcan las generación de empleo, ya que éstas son unas de la vías más factibles para reducir la pobreza y alcanzar el crecimiento y desarrollo económico de un país.

En un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado, “The growth of conditional cash transfers in Latin America and the Caribbean: ¿did they go too far?” Se demuestra que en diversos países de América Latina y El Caribe, durante el período 2001-2011, los beneficiarios de transferencias en monetario, en su mayoría continúan siendo pobres o vulnerables; atribuyendo dichas causas a los bajos niveles de escolaridad e inestabilidad laboral.

En conclusión, las transferencias en monetario no son una opción para reducir la pobreza y la desigualdad, sin embargo, si se dan con buenos criterios de elegibilidad y no se abusa de ellas, pueden representar una ligera ayuda de corto plazo. No obstante, es necesario que los países en subdesarrollo inviertan más en educación y  creen políticas que favorezcan la inversión interna, como externa.

“Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días”
Confucio
Bibliografía
Dimand, R. (2003). On Limiting the domain of inequality: The Legacy of James Tobin. Canadá:
                Eastern Economic Journal, (29), 569-564.
Friedman, M., (1994). Money Mischief: Episodes in Monetary History. United States of America,              Orlando Florida.
Mankiw, G., (2012). Principles of Economics. United States of America. South Western.

Banco Interamericano de Desarrollo, BID (2012). The growth of conditional cash transfers in Latin           America and the Caribbean: ¿did they go too far? Marco Stampini y Leopoldo Tornarolli.

1 comentario:

  1. Me parece que la idea de brindar una ayuda o aporte mensual a una familia, no es más que populismo ya que a lo largo de la historia del país no todos los gobiernos lo ofrecieron y las personas no lo reclamaron por el hecho de que se generó trabajo y esto resulta ingreso.

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